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Pinelli_SaltarelloLa investigación en torno a la danza antigua en la Península Ibérica se encuentra algo rezagada respecto a las investigaciones realizadas sobre otros entornos culturales. Podemos encontrar varias razones que explican esta situación algunas de las cuales se recogen en este artículo.

Actualmente bailarines e investigadores; todos aquellos que se aproximan de alguna manera al estudio, reconstrucción e interpretación de las prácticas y el repertorios de diversas épocas en la Península Ibérica y otros territorios de incumbencia, deben afrontar las fuentes con un enfoque crítico y consciente de las particularidades que se presentan.

En julio de 2016, en el encuentro académico realizado dentro del II Festival Portingaloise se realizaron una serie de comunicaciones en torno a la danza antigua. En una de ellas, realizamos una ponencia con Anna Romaní, en la que comentamos algunas de las particularidades que definen a la investigación en danza antigua española y la diferencian de la investigación en danza antigua de otros territorios como pueden ser Italia o Francia.

Recogemos y explicamos a continuación algunas de estas características. Cabe destacar que, conforme los investigadores progresen en su trabajo, algunos de los puntos comentados podrán cambiar (esperemos que a mejor).

SOBRE LA TEMÁTICA

  • Dificultad para definir y acotar el campo de estudio

Cualquier trabajo realizado sobre danza en Europa desde la Edad Media hasta la Modernidad necesita ser situado en la situación político cultural del momento. El mapa mundial sufrió modificaciones constantes a lo largo de todos estos siglos y el traslado permanente de las casas nobiliarias fueron causa de la expansión de modas, hábitos y costumbres.

Como bien expone Maurice Esses en su trabajo Dance and instrumental Diferencias in Spain… , la compleja red de vinculaciones políticas y culturales entre la Península Ibérica y el resto de Europa durante los siglos XVI a XVIII, dio como resultado un flujo constante de influencias en cuanto a formas de danza y su manera de ejecutarlas.

La danza española nunca podrá tomarse como un fenómeno unificado. En este sentido tampoco encajan del todo otras denominaciones como “danza de la Península Ibérica” ya que quedarían fuera los territorios coloniales. Del mismo modo ocurre con el apelativo de “danza antigua” ya que es muy amplio o poco específico según el contexto con el que se trabaje.

Valga como ejemplo, las dificultades que se presentaron a la hora de titular este sitio web: se ha preferido englobar la temática como “danza antigua española” aclarando a los lectores que:

  • hablamos tanto de danza como de baile (ver artículo sobe esta distinción)
  • que a pesar de tratar la danza antigua nos centramos específicamente en la danza de la cual tenemos documentación abarcando aproximadamente de los siglo XV al XVIII.
  • aunque la mayoría de las fuentes primarias comentadas proceden de Castilla, Andalucía o Cataluña, el apelativo “español” de ninguna manera pretende dejar fuera otro tipo de documentos que, procediendo de otros territorios (Nápoles, Portugal, Latinoamérica…) se refieren a prácticas y repertorios de raíz hispana.
  • Los espacios de la danza

seisesSi bien hay características que pueden ser propias a los diferentes contextos y escenarios en los cuales se pudieron realizar bailes y danzas, la documentación y las pistas que surgen de la investigación permiten demostrar que repertorios y prácticas viajaban de una clase a otra y de un escenario o sala de baile a otra.

Los maestros de baile que coreografiaban las danzas para la procesión del Corpus podían ser los mismos que ofrecían clases de danza a las casas de buena clase. La xácara que se enseñaba en escuelas  de danza posiblemente era la que podía formar prate de una obra escénico-teatral. Los bailes populares que se realizaban en las fiestas de plaza (y que aun hoy se realizan en diferentes puntos de la Península Ibérica) podían proporcionar movimientos que los maestros de danza incorporaban en sus clases. En cierta manera, los libros de música de maestros de danza que se han podido localizar, recopilan piezas musicales que resultaban idóneas para enseñar a bailar entre otras cosas por su popularidad. De esta manera vemos cómo de la práctica popular se integraban elementos que formaban parte de la formación habitual del bailarín.

En resumen, debemos ser flexibles y abiertos a considerar que repertorio y formas de danza podían viajar de un entorno sociocultural y funcional a otro. En este sentido, algunos textos de tendencia taxonómica e idealista propios del siglo XIX y XX, deben leerse bajo esta perspectiva.

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